Todas las ciudades, independientemente de su rango, están creciendo sin freno, cada cual a su ritmo en la autopista de la globalización. Los NÚCLEOS URBANOS se expanden en el TERRITORIO...
Entonces piensas que algún día serán el concepto dominador de todo el sistema; y los estados, como concepto que hoy manejamos, perderá su sentido y se verán sobrepasados por la potencia de la METRÓPOLI...
entonces...
...¿tendrá sentido el sentimiento nacional, la identidad nacional?
CAMINAS POR UNA CALLE LLENA DE GENTE DE TODOS LOS COLORES Y FORMAS y, cuando realmente te sientes UNO MÁS de esa maquinaria, piensas que los NACIONALISMOS no tienen sentido y que por fin algún día residirán en el ámbito al que pertenecen: la cultura no excluyente que proteja su región. Y punto. La inmigración, EN SU MÁS AMPLIO SENTIDO, que amplía los horizontes morales y geográficos y rompe (más que crea) prejuicios y estereotipos, hará todo el trabajo.
Pasas unos días en un supuesto territorio muy definido de una nación muy definida y te das cuenta que eso no son más que ARGUCIAS TURÍSTICAS para atraer el papel verde. ¿IDENTIDAD NACIONAL?
Las ciudades serán metrópolis y el individuo como individuo (que no como MASA COLECTIVA) hará INNECESARIO el concepto identitario politico.
La urbe será la urbe y nadie se tendrá que identificar ni adaptar obligatoriamente a ningún conjunto de costumbres ni tradiciones determinadas, porque ya tiene las suyas y son compatibles perfectamente con las demás. Entras en el sistema-ciudad y desenvuelves tu papel en el engranaje...
...sin perder nunca por el camino la VENTILACIÓN y el toque de COLOR diferenciador y FUNDAMENTAL que supone la cultura...esta sí, nacionalista cuanto queramos.
Ahora bien, aquí caben un huevo de matizaciones a las que ya iremos dando vueltas.

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